El paso del huracán Katrina ha mostrado a Nueva Orléans devastada, no sólo en el aspecto material. La ciudad inundada ha dado paso al caos, en una manera que no deja de asombrar, en especial visto desde un lugar en donde las tragedias naturales (grandes temporales, terremotos y menos frecuentemente, erupciones volcánicas) se presentan con una periodicidad que obliga a aceptarlas como parte de la vida.

Como en la peor película de mega desastres, es posible ver la situación posterior al huracán a sido un “sálvese quien pueda”. En los refugios, la riñas por la comida y el espacio son el pan de cada día, dejándose a los niños y ancianos a su propia suerte. Los saqueos son el pan de cada día y pareciera que no fuese posible confiar en los vecinos. Impactante fue oir como una chilena perdida contaba a las noticias su travesía de escape, en la cual unas personas que iban un bote le ofrecieron llevarla al refugio. Sin embargo, cuando se dio cuenta que efectivamente no se dirigían a tal lugar, no le quedó más que lanzarse al agua y comenzar a nadar.

Aún cuando la situación de los sobrevivientes es crítica, una de las primeras mision es de los grupos de rescate he debido ser la restauración del orden.

Ojalá las acciones de emergencia tomen ritmo, para una vez más se vuelva a escuchar jazz desde la ciudad del Mississippi.

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